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La fabulosa vida de Lily

Lily Allen se dio una vuelta por las calles de cualquier ciudad lo suficientemente importante como para poderse permitir su presencia en ella y la pudimos ver más feliz que nunca. Ya era hora de verla con una sonrisa permanente, dejando atrás los tristes sucesos por los que cualquiera de nosotros se habría aislado de la sociedad y no habría vuelto a salir de su habitación en unos cuantos años, algo así como los raritos de los hikikomori japoneses. La pudimos ver en un puesto callejero de comida vegetariana libanesa interactuando con un pobre chico que pasaba por allí y al que le dio la tabarra.

Y como buena vegetariana (bueno, es la conclusión gratuíta que hacemos, pero no tiene por qué ser cierto) es amante de los animales (otra conclusión gratuíta, estamos que lo tiramos). ¿Y qué animales desatan pasiones entre los mortales? Pues los perros, y a ella la vimos con uno muy mono al que sacó a pasear y al que dio algo de comer.

Fuente | Bauer-Griffin


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