
Hola, amigos. Soy Liliana, vuestra amiga, una mujer sencilla y humilde que no pierde el tiempo ni el dinero contratando a asistentas sino que va ella misma a por su comida y esas cosas. En mi guía completa os daré muchos trucos para hacer una compra perfecta.
En primer lugar, tenéis que aseguraos de que la fruta y la verdura sea fresca. Comprobar su color, su textura, su tamaño, contemplar sus perfecciones y sus defectos. Yo tengo un lema: si está redondito y esponjoso, delicioso. Y si tiene manchas y está blando, arreando. Y mirad qué poema me salió ayer mientras compraba verdura en Planet Organic.

La ropa ya es un tema delicado. Yo, como no tengo problemas en encontrar ropa que me guste porque tengo un gusto exquisito y me puedo permitir firmas exclusivas, apenas tengo problemas, pero vosotros que os pasáis la vida en tiendas de baja calaña como Stradivarius o Bershka sabéis lo que es el ajetreo del shopping. Ante todo, tranquilidad. Por mucho que te guste una prenda no te muestres efusivo porque entonces la maruja de detrás, por joder, se te va a apresurar y la cogerá antes que tú (y fijo que es la única que queda de tu talla). Comprueba que no tenga taras, que los niños pueden tener un día tonto y no coser bien la costura, o cualquier cosa. No como mi ropa, que es perfecta y hecha a medida para mí.

Y por último y lo más importante, chulearse de la compra adquirida ante las vecinas y demás cotillas acechantes. Muestra la gran cantidad de bolsas para que vean que tu nivel adquisitivo es elevado y camina con la cabeza bien alta para que se note tu satisfacción. Y recuerda esto: es bastante probable que se te olvide lo más importante. Pero a mí me da igual, paro a alguien por la calle y le doy 50 libras por ir a comprármelo. Yo soy así de generosa. Ahí os dejo, corazones.
Vuestra amiga,
Liliana.

Fuente | Bauer-Griffin

