¡Quién diría que la que aparece en estas fotos es la misma! Katy Perry llegó ayer a Miami, la ciudad en la que viven todos los artistas de habla hispana que tienen un mínimo de éxito internacional (son muy poco originales, sí), y apareció de esta guisa en el aeropuerto: con visera, pantalón de chándal y… una rosquilla gigante tras la cual se ocultó. Pero no penséis que se ha vuelto loca y ha decidido dar un parón a su estatus de fantasía erótica, sólo se trataba de una curiosa almohada que se llevó al avión para echar una cabezadita.

Y una vez llegó allí, se quitó el chándal, la visera, y se puso un bikini rosa muy popero (como toda ella) para demostrar que si alguien puede poner envidiosas a todas las mujeres del mundo por su figura, esa es ella. Vaya, que la tía lo tiene todo en su sitio y los únicos Donuts que la acompañan son los de felpa. Normal que tuviera que beberse un refresco, si seguro que le estaban entrando los calores de verse a si misma. ¡Abuf!

Fuente | Socialite Life & The Superficial

